Apocalipsis
3:20
Yo estoy a la puerta y llamo;
si alguien oye Mi voz y abre la puerta,
entraré a él,
y cenaré con él y él conmigo.
Apocalipsis
3:20-21 está dirigido a los creyentes. John Walvoord – un famoso profesor de
escatología (el estudio de los eventos por venir) del Seminario Teológico de
Dallas, dijo lo siguiente sobre Apocalipsis 3:20-21: “Dramáticamente Cristo
se imaginó a Sí Mismo de pie afuera y llamando a una puerta. En una pintura muy
conocida, el pestillo no se muestra, sino que se asume que está por dentro. El
llamado es para que aquellos que oigan abran la puerta. A ellos, Cristo les
prometió: "Entraré y cenaré con él, y él
conmigo". Con Cristo afuera, no puede haber comunión ni riqueza
genuina. Con Cristo adentro, hay una comunión maravillosa y se comparte la
admirable gracia de Dios. Este fue un llamado para los cristianos, más que para
los no cristianos. Esto plantea la importante cuestión sobre el alcance de la
comunión íntima de uno con Cristo. A quienes respondan, Cristo promete darles
el derecho de sentarse con Él en Su trono y compartir Su victoria”. [1]
Amor.
Nuestro SEÑOR, JESUCRISTO, nos ama más de lo que entendemos. Un aspecto del amor con
el que luchamos es su humildad. El amor no busca lo suyo (1 Corintios 13:5). Es eternamente humilde. Y
nuestro SEÑOR – nos ama más de lo que entendemos.
ÉL ES humilde de corazón (Mateo 11:29). ÉL no insiste – aunque ÉL ES DIOS – en “hacer” que SUS
hijos eternamente salvos obedezcan. ÉL pacientemente (el amor es paciente – 1
Corintios 13:4) ESPERA a que RINDAMOS nuestras vidas a ÉL. ÉL recibe honor,
gloria y alabanza cuando SUS escogidos ELIGEN ser TRANSFORMADOS por el ESPÍRITU
SANTO (Romanos 12:1-2; Efesios 5:18). Cuando PREFERIMOS SU vida a la nuestra – SU
presencia a nuestros pensamientos egocéntricos – JESUCRISTO está allí –
esperando a la puerta.
ÉL
simplemente, humildemente, quiere nuestro permiso para entrar en nuestros
corazones y mentes. ÉL espera. Con paciencia. Porque
JESUCRISTO realmente nos ama. Y SU amor no insiste en controlar
nuestras vidas. ÉL anhela que cedamos a ÉL.
Cuando
elegimos no rendirnos – ÉL da un paso “afuera” y espera a la puerta. Llamando.
Recordándonos “quiénes” SOMOS. SUS hijos eternamente adoptados que deberían
dejar ir su tonto orgullo y vivir para ÉL. Todos los días. Todo el día. Permitamos que ÉL
SEA nuestro SEÑOR. PidámosLE a ÉL que guíe nuestros pensamientos y acciones todo el
día. Oremos sin cesar mientras buscamos continuamente SU guía,
SU dirección, SU presencia en nuestros corazones.
Deberíamos
buscar activa y conscientemente permitir que ÉL permanezca dentro de la puerta.
Mientras hablamos
con otros. Mientras trabajamos. Mientras compartimos con nuestras familias. En cada momento despierto – pídeLe
a ÉL que, por favor, siga siendo nuestro SEÑOR. Por favor, ayúdanos a PERMITIR
que ÉL SEA nuestro SEÑOR. AYÚDANOS a PERMITIR que ÉL gobierne
nuestras vidas. Cada día. Momento a momento. Busca honrar a JESUCRISTO. Y amarLO un poco como ÉL nos ama tan profundamente.
[1]
Walvoord, J. F. (1985). Revelation. In J. F. Walvoord & R. B. Zuck
(Eds.), The Bible Knowledge Commentary:
An Exposition of the Scriptures (Vol. 2, p. 942). Victor Books.
Yo estoy a la puerta y llamo;
si alguien oye Mi voz y abre la puerta,
entraré a él,
y cenaré con él y él conmigo.