2 Samuel 12:22
Y él respondió:
“Mientras el niño aún vivía,
yo ayunaba y lloraba,
pues me decía:
‘¿Quién sabe si el Señor tendrá
compasión de mí y el niño viva?’”.
David CONOCÍA
al Señor. Mató a Goliat siendo un joven (1 Samuel 17). David CONOCÍA la
presencia de Dios en su vida mientras se escondía del rey Saúl en cuevas (1
Samuel 22). David CONOCÍA. Sin embargo, pecó. Al igual que tú y yo. El
precio por el adulterio de David con Betsabé fue alto. La espada entró en la
familia de David después de su adulterio y nunca se apartó de ella durante el
resto de su vida (2 Samuel 12:10).
David
entendió que el Señor es el Autor de la vida. Había visto morir a los padres e
hijos de muchas familias al filo de su espada. David
tenía una comprensión CLARA de QUIÉN ES DIOS. Mientras su hijo
recién nacido estaba enfermo, pero aún con vida, David oró. David SABÍA que
Dios escucha nuestras oraciones – ESPECIALMENTE cuando tenemos el corazón
quebrantado. David escribió el Salmo 34 ANTES de que su primer hijo
enfermara. En ese Salmo – David escribió estas palabras – “Cercano está el Señor a los
quebrantados de corazón y salva a los contritos de espíritu.” (Salmo
34:18) David SABÍA que Dios escucha.
Y David
oró. Oró por su hijo.
Mientras vivió.
Después de la muerte de su hijo, David
continuó con su vida.
Hay sabiduría aquí - para todos nosotros -
si
quisiéramos aprender.
Nuestro
Señor es – literalmente eso – nuestro Señor.
ÉL HARÁ con cada uno de nosotros lo que Él determine HACER. Mientras estamos en
estos cuerpos de polvo – podemos orar. Debemos orar. Por nuestros hijos
enfermos – por nuestros cónyuges enfermos – por nuestros hermanos y hermanas
enfermos en Cristo. Debemos orar. Mientras oramos – debemos RECORDAR QUIÉNES somos y QUIÉN ES JESUCRISTO. ÉL ES EL
SEÑOR. Y ÉL tiene todo el derecho de HACER como a ÉL Le
plazca.
Mientras
nuestros amigos y familia estén vivos – debemos orar por ellos. Si – y cuando –
nuestro Señor elija llevarse a alguien que Le pertenece – debemos ir a nuestras
casas – descansar – y continuar con esta vida. Jesucristo
es el SEÑOR. Él HARÁ lo que le plazca con cada uno de nosotros. Si –
por el diseño eterno de Dios – uno de nuestros hijos deja esta vida antes que
sus padres – ÉL ES el SEÑOR. Y debemos continuar en esta vida caída. Confiando
profunda y completamente en nuestro Señor. Es de SU plan de que
queremos participar. Si Él nos pide participar en Su plan de una
manera que duele profundamente – que así SEA. “Confía en el SEÑOR con TODO tu
corazón y NO te apoyes en tu propio entendimiento. En todos tus caminos
reconóceLo – y Él enderezará tus sendas” (Proverbios 3:5-6).
Hazte
sabio. Aprende que no somos más que polvo. Y nuestro Señor HARÁ lo que Le
plazca. Con todos nosotros. Mientras estamos en esta vida - debemos honrarLo.
Y él respondió:
“Mientras el niño aún vivía,
yo ayunaba y lloraba,
pues me decía:
‘¿Quién sabe si el Señor tendrá compasión de mí y el niño viva?’”.