Romanos 4:8
Bienaventurado el hombre
cuyo pecado
el Señor
no tomará en cuenta.
Bienaventurada la persona. El término gramatical correcto
para esta oración es – subestimación. Lo obvio está escrito intencionalmente en
un formato que lleva a subestimar la verdad que allí se encuentra. Y la frase –
“Bienaventurada la persona cuyo pecado no tomará en cuenta el Señor” - ¡¡es una ENORME subestimación!! Somos MUCHO MÁS que bienaventurados.
Somos
eternamente perdonados. Por TODOS los pecados que hemos cometido o cometeremos.
Jesucristo ha puesto Su justicia eternamente
perfecta en nosotros y ha tomado nuestros pecados sobre Sí mismo (2 Corintios
5:21) en la cruz. Bendecidos es una descripción inadecuada de
“quiénes” SOMOS debido a la gracia de DIOS. Las palabras no pueden describir (1
Corintios 2:9) lo que espera a Sus hijos adoptivos. Nuestro Creador ha hecho
más por nosotros de lo que “entendemos”. ¡SOMOS bendecidos! ¡Y SOMOS mucho,
mucho MÁS que bendecidos! Conocidos de antemano, predestinados, llamados,
justificados, glorificados (Romanos 8:29-30). ¡SOMOS todo esto y
MÁS!
Romanos
4 continúa el argumento de Pablo acerca de la obra de Dios en la salvación. Pablo
explica que Abraham fue hecho justo por Dios. Abraham no realizó ninguna obra
(ni tomó ninguna decisión) para SER hecho justo. La fe de Abraham en Dios lo
hizo justo. Esa fe fue provista por Dios mismo (Efesios 2:8-9). En Romanos 4:8,
este hecho acerca de Abraham también era cierto de David, cuya descripción
del trato misericordioso de Dios con él Pablo citó del Salmo 32:1–2. Una
persona, como David, a quien Dios le atribuye justicia aparte de las obras, es
bendecida. A esa persona sus pecados le son perdonados y cubiertos. Y en lugar
de que su pecado sea acreditado (logisētai) a su cuenta, Dios le acredita
(logizetai; cf. Rom. 4:3) justicia.[1]
Nuestra fe EN
Jesucristo nos lleva (griego – eis) – literalmente – DENTRO de Él
(Gálatas 2:16).
Existimos EN Jesucristo como resultado de nuestra fe. Y tenemos FE en
Jesucristo porque Dios nos escogió antes de la
fundación del mundo (Efesios
1:3-14).
¿Qué
podemos decir? ¿Quién inventaría esto? Nadie. Nuestro SEÑOR ha creado una
creación que está más allá de nuestra capacidad de entender. Somos criaturas
espiritualmente muertas, caídas y egoístas. Y nuestro Creador – en Su amor y gracia eternos – decidió salvar
algunos para Su gloria. Los elegidos – los adoptados – pasarían la eternidad alabándoLe.
Y así SERÁ. Para siempre.
Para quienes somos “elegidos” y aún “habitamos” nuestros cuerpos
mortales – nuestra
alabanza a Dios comienza en esta vida caída. Esta alabanza cobra mayor significado porque
necesitamos “morir” para poder alabar a Dios correctamente y sinceramente. La
alabanza desde estos cuerpos mortales tiene un precio. Y nuestro Señor Jesucristo lo SABE. Él
disfruta de nuestra alabanza sacrificial (Romanos 12:1-2). Y Él merece nuestra
alabanza e aún más – porque Jesucristo – siendo Dios mismo – entregó Su preciosa y perfecta vida por nosotros.
Él aguantó un sacrificio mayor en la cruz del que jamás nos pedirá llevar.
Y Él no tomará
en cuenta nuestros pecados. Estos fueron “tomados en cuenta” en la cruz. Hemos sido “redimidos”. Nuestra deuda eterna
ha sido pagada por completo. ¿Y qué “HICIMOS”
para merecer este amor eterno — este perdón eterno – esta gracia? ¡¡Absolutamente NADA!!
Dios ES amor. Y Él decidió manifestar Su
amor mediante un acto sobrenatural y milagroso en una cruz terriblemente fea. Cargó sobre Sí Mismo los pecados de Su pueblo escogido y
los salvó eternamente. Tenemos vida
eterna – AHORA. Aquellos que han “nacido de nuevo”. Y nuestro
SEÑOR (considera bien su título) nos pide que “vivamos” el resto de nuestra
vida para Él. Y así debemos hacerlo. Durante todo el día – hoy mismo. Y un día a
la vez – de ahí en adelante (Filipenses 2:12).
[1] Witmer, J. A. (1985). Romans. In J. F. Walvoord & R. B. Zuck (Eds.), The Bible Knowledge Commentary: An Exposition of the Scriptures (Vol. 2, p. 453). Victor Books.
Bienaventurado el hombre
cuyo pecado
el Señor no tomará en cuenta.