1 Pedro
5:10
Y después de que
hayan sufrido un poco de tiempo,
el Dios de toda gracia,
que los llamó a Su gloria eterna en Cristo,
Él mismo los perfeccionará,
afirmará, fortalecerá, y establecerá.
Y después que hayan sufrido un poco de tiempo…
La mayoría de los
cristianos del siglo XXI creen erróneamente que su relación con Dios — provista
mediante el acto soberano de la muerte de Su único Hijo Jesucristo —
les brindará una existencia bendecida en este planeta maldito.
No hay nada en el Nuevo Testamento que sostenga o respalde esta idea. (Se
hicieron promesas a Israel en el Antiguo Testamento para bendecir a la nación —
SI obedecía. Israel no obedeció. Las promesas que se le hicieron se cumplirán
en el futuro.) Al contrario, los autores
del Nuevo Testamento sufrieron, al igual que los apóstoles. Jesucristo — siendo
Dios — no vivió una vida bendecida en este planeta maldito durante Su primera
venida aquí. (Su vida fue “bendecida” en el sentido de que vivió una vida
perfecta y sin pecado.) NO fue bendecido en Su existencia física aquí. Al contrario – Él fue crucificado por ser
sin pecado en un mundo perverso y maldito.
Dios
no le debe nada a nadie – en ningún lugar. Nuestro Creador, en Su gracia soberana,
restauró nuestra relación con Él mediante el perdón de su Hijo en la cruz (2
Corintios 5:20-21). Nuestra relación está restaurada (reconciliada). Todos nosotros
necesitamos recordar “quiénes” somos y “dónde” estamos en el plan eterno de Dios.
NOSOTROS somos pecadores (esto es “quiénes” SOMOS). Pecadores perdonados — pero aún
pecadores. Nuestros pecados tienen consecuencias incluso ahora. Estamos
salvados eternamente. PERO. Todavía no. Todavía no. Y las consecuencias de
nuestra “naturaleza pecaminosa” — nuestra carne — nos causan sufrimiento en
esta vida aún maldita. DEBERÍAMOS sufrir. Vuelva a leer eso y reflexione sobre
lo que significa. Somos pecadores (perdonados). Porque todavía ocupamos
cuerpos pecaminosos y rebeldes — deberíamos sufrir. Y
vivimos (el “dónde”) en un planeta maldito. Este planeta todavía
está bajo la maldición que Dios impuso sobre él en el huerto del Edén (Génesis
3:17). Somos insensatos al “esperar” que la
vida sea cómoda y sin contratiempos en este planeta maldito.
Nuestro
Señor soberano nos permite sufrir. Él usa nuestras circunstancias, nuestras perspectivas confundidas
(egocéntricas), nuestros cuerpos mortales (llenos de pecado) — para instruirnos. Aprendemos lentamente a
MORIR (literal y experiencialmente). Al sufrir —
aprendemos que nuestra perspectiva — nuestro cuerpo — nuestra existencia es
egocéntrica. Y
aprendemos que podemos ESTAR GOZOSOS cuando sufrimos diversas pruebas y
dificultades (Santiago
1:2-3). Aprendemos que nuestra pecaminosidad no nos ayuda ni a nosotros ni a
nadie más. Nuestro orgullo. Nuestra codicia no agrada a nadie. Ni siquiera a
nosotros mismos.
Dios
DEBERÍA permitirnos sufrir. ¡¡Merecemos sufrir MÁS de lo que sufrimos!! Dios es santo y perfecto. Nosotros
no. En nuestro sufrimiento — Él nos refina.
Él nos hace y nos moldea en personas que se parecen más a Él — menos a
nosotros. Permítame animarle a orar menos para que Dios detenga su
sufrimiento. Ore más para que nuestro Señor
le dé sabiduría EN su sufrimiento. La razón por la que
llamamos al sufrimiento — sufrimiento — es porque nuestra “carne” quiere ser
igual a Dios. Deje de exigir que Dios “arregle” lo que le abruma (preocupa /
amenaza / carga). Acepte Su voluntad y
confíe en Él mientras obedece. Y después de que haya sufrido un poco de tiempo (20,
40, 60 años) — el Dios de toda gracia…
En Su gracia — en Su
hesed — Dios ELIGIÓ rescatar a “algunos” (unos pocos) — de la condenación eterna que TODOS merecemos. Reflexione
sobre eso de nuevo — despacio. MERECEMOS la condenación eterna en el
infierno. Todos nosotros. Esta es la existencia que MERECEMOS. Para
siempre. En Su gracia — Dios PROMETIÓ darnos vida eterna. Vida verdadera. No la
“vida” que ha conocido (antes o) después de ser salvado. La “vida” que
conocemos en estos cuerpos perdonados y llenos de pecado es mucho mejor que la
vida que conocíamos antes de ser “salvados”. Pero
NO es la VIDA que conoceremos cuando seamos colocados en nuestros cuerpos
inmortales y glorificados. SABREMOS lo que significa la “salvación” — un “día”.
Pero todavía no. Todavía no.
Dios nos llamó a Su gloria eterna en
Cristo. NO
entendemos este llamado todavía. Sabemos — en nuestros corazones que somos llamados.
SABEMOS que somos “nacidos de nuevo”. Pero no SABEMOS qué significa eso. No
claramente. ¿Qué es la eternidad? ¿Qué es la gloria? Son ideas excelentes.
Podemos (y debemos) considerarlas. Pero lo que verdaderamente significan está
más allá de nuestro alcance mortal, limitado y lleno de pecado. Somos llamados a SER algo mucho mejor de lo que somos.
Pero — todavía no. Todavía no. En Su gracia — Dios
nos hará — eternamente — perfectos. Estaremos vestidos de Su
justicia. Tendremos cuerpos inmortales y glorificados. Que nunca mereceremos. Él hizo esto porque Él es un Dios
de gracia.
Cuando
estemos “vestidos” con nuestros cuerpos inmortales y glorificados — Él completará lo que ha comenzado
(Filipenses 1:6). Él nos
perfeccionará, afirmará, fortalecerá y establecerá eternamente. En Su presencia. Hasta ESE día — dejemos de
pedirle a Dios que “arregle” los problemas y las cargas que Él providencialmente
nos ha dado. En su lugar, pidámosle a nuestro
Señor que nos ayude a llevarlos (Mateo 11:28-30). Este cambio de
actitud nos hará más sabios. Nosotros no somos Dios. Él no necesita “arreglar”
lo que nos abruma. Necesitamos
la paciencia y la sabiduría para “caminar” a través de los sufrimientos que
soportaremos “por un poco de tiempo”. Y, después este “tiempo corto”,
nuestro amoroso y soberano Señor nos llevará a casa. Para ESTAR con ÉL — en perfección — para siempre. Signifique
lo que signifique. (“Whatever that means.”)
Y después de que
hayan sufrido un poco de tiempo,
el Dios de toda gracia,
que los llamó a Su gloria eterna en Cristo,
Él mismo los perfeccionará, afirmará, fortalecerá, y establecerá.