Juan 15:9
Como
el Padre me ha amado,
así también
Yo los he amado;
permanezcan en Mi amor.
Así como el Padre me ha amado. Piensa en eso… El Padre ama al Hijo con un
amor eternamente profundo y abrumador. Nosotros – como seres creados – no
comprendemos la eternidad. Decimos “para siempre”. Decimos “infinidad”. Pero no
entendemos esos términos. Somos seres limitados. Nuestra existencia tiene un
“comienzo”. Nuestra “carne” tiene una cantidad finita de tiempo para existir.
“Ahora vemos por espejo, oscuramente, pero entonces veremos cara a cara; ahora
conozco en parte, pero entonces conoceré…” (1 Corintios 13:12). Un “día” en el
futuro – la eternidad / el siempre se volverá más claro. Hasta entonces –
podemos reflexionar (¿entender?) que Jesucristo nos ama con un amor que es
igual al amor que su Padre tuvo (tiene) por Él. ¡¡Increíble!! ¡¡Abrumador!!
Jesucristo nos “adopta” como sus “hermanos” y “hermanas” de una manera sincera
y honesta. ¡¡Dios ha hecho MÁS por nosotros de lo que comprendemos /
entendemos!! Su amor por nosotros es mayor que nuestra capacidad de comprender.
Y SABEMOS
que esto es VERDADERO porque Dios no puede mentir. Nuestro Señor nos ama
perfectamente. Profundamente. Eternamente. Y Él nos dice que “permanezcamos” en
Su amor. Quédate allí. Disfrútalo. Reflexiona sobre ello. Medita en ello. Dios
es amor. Su amor es puro. Su amor perfecciona. Su amor perdura.
¿Cuál
es el resultado de “permanecer” en el amor de Dios? Nos volvemos más como Él. “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y
con toda tu mente” (Mateo 22:37). Este precepto condensa los
primeros cuatro mandamientos. Debemos honrar a Dios con nuestra existencia. A
medida que Lo amamos, dependemos de Él. A medida que dependemos de Él, Él nos
moldea en seres que son más como Él. Humildes, amables, generosos, llenos de
gracia y de verdad… Nos volvemos - poco a poco - como Él ES.
A medida
que somos moldeados a Su imagen perfecta a través de Su amor por nosotros,
anhelamos / deseamos / queremos profundamente alcanzar Sus metas en nuestra
vida. “Porque he descendido del cielo, no para hacer Mi propia voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan
6:38). Ponemos MÁS de nuestro enfoque en el cielo – en las cosas espirituales.
Nuestra “comprensión” de esta vida mejora. Confiamos menos en el “polvo” de
este mundo – y más en Él. Honestamente anhelamos
“tomar nuestra cruz y seguirLo”
(Lucas 9:23). Porque Su amor por nosotros es MÁS significativo e importante
para nosotros que nuestro egoísmo. Queremos terminar con la confusión, el dolor
y el daño causados por nuestras maneras egoístas y orgullosas. Y – poco a poco
- “crecemos”. Maduramos. Y llegamos a creer — con toda nuestra
existencia que — es más bienaventurado dar que
recibir (Hechos 20:35). Y así nos CONVERTIMOS.
Como el Padre me ha amado,
así también
Yo los he amado;
permanezcan en Mi amor.
Favor de escribir tus comentarios aquí. Gracias.
ReplyDelete