Juan 15:14
Ustedes
son Mis amigos
si
hacen
lo que Yo les mando.
Nuestro
SEÑOR habló estas palabras a los once hombres que habían pasado los últimos
tres años con Él.
Esta era SU última noche en esta tierra con SU divinidad envuelta en carne. ÉL
SABÍA que al día siguiente ÉL sería crucificado. Y ÉL compartió los asuntos más
fundamentales e importantes con los once que ÉL había elegido en esta última
noche. ÉL no dio muchos mandamientos. Pero este
mandamiento era simple y claro.
¿Quieres tener un AMIGO eterno?
¿Quieres que el SEÑOR
de la creación te llame SU amigo? ÉL dio SU mandamiento en el versículo 17: “Esto les mando, que se amen unos a otros”. Un
mandamiento simple. Un mandamiento directo. Claro. Conciso. ¿Quieres que el
SEÑOR de todo y de todos te llame A TI SU amigo? Ama
a los hermanos y hermanas. Ámalos. No con palabras. No con oraciones
(aunque esta es una buena opción SECUNDARIA).
Ámalos con tu vida.
Ámalos con tus esfuerzos. Ámalos con preocupación por su bienestar. Ámalos con
el deseo de protegerlos de los peligros pecaminosos que nos rodean y nos
inundan a todos. Ámalos. Y niégate a ti mismo.
A medida que verdaderamente AMAS a los hermanos – tu preocupación por ti mismo
y tu bienestar disminuirá al mismo ritmo. Y esto es MEJOR para TI. A medida que
aprendes a morir por completo – la vida se vuelve más centrada en DIOS. Más
significativa. Más bendecida. Y te conviertes en SU esclavo (Efesios 6:6).
Este es el propósito del amor de nuestro SEÑOR. Pablo lo expresó de esta manera en 2 Corintios
5:14: “El amor de Cristo
nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron”.
Cuando OBEDECEMOS el mandamiento de nuestro SEÑOR (esto NO fue una petición – ÉL
nos MANDÓ a amarnos unos a otros) – aprendemos a morir literalmente –
internamente – a nosotros mismos. Nos volvemos más humildes. Más centrados en
los demás. Menos centrados en nosotros mismos. Somos enseñables. Queremos
CONOCER más a nuestro SEÑOR. Lo buscamos a ÉL más profundamente. Y nuestras vidas se vuelven más útiles para ÉL.
Así que –
mis queridos hermanos y hermanas. ÁMENSE UNOS A
OTROS. Con acciones. HAZ cosas por los de tu familia inmediata. HAZ
cosas por los de tu iglesia. ÁMALOS con acciones (Santiago 2:18-26). NO con
palabras. ¡¡Alabado sea DIOS!! ÉL NO nos amó “hablando de” nuestra salvación. ÉL nos amó completa
y profundamente – mientras colgaba de una cruz vergonzosa. En nuestro lugar.
Para que pudiéramos vivir para ÉL.
Hoy. Ama al SEÑOR con tu obediencia a SU mandamiento. Y AMA a los hermanos y
hermanas con tus esfuerzos, con tu tiempo, con tu energía. Y cuando dejes esta
vida – SI HACES esto – nuestro SEÑOR te llamará A TI “amigo”. Increíble. Pero
cierto.
Ustedes son Mis amigos
si hacen lo que Yo les mando.
Favor de escribir tus comentarios aquí. Gracias.
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