1 Corinthians 1:10
Les ruego, hermanos,
por el nombre de nuestro Señor Jesucristo,
que
todos se pongan de acuerdo,
y que no haya divisiones entre ustedes,
sino que
estén enteramente unidos
en un mismo sentir y en un mismo parecer.
Pablo comienza este
versículo con un llamamiento, una súplica, una exhortación a escuchar / meditar
/ considerar lo que quiere comunicar. Hace su llamamiento en los términos más
enfáticos que puede, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Antes de seguir
leyendo, debemos detenernos y considerar la urgencia y profundidad de la
petición de Pablo. Suplica que la gente de Corinto (y de Houston, de
Nanacatlán, de Tlaxcala y de todas partes donde se reúnan cristianos) “piensen”
en lo que hacen en el Cuerpo de Cristo. Quédate quieto y considera lo que haces
y tu actitud hacia Su cuerpo.
Luego, después de hacer su petición fuerte y urgente, presenta el deseo
que pesa en su corazón - que no haya divisiones en el cuerpo de Jesucristo. Que
dejemos de buscar nuestros propios beneficios y comodidades. Que dejemos de
lado los planes que tenemos para nuestra vida independiente y egocéntrica. Y
buscamos tener el mismo “sentir” y el mismo “parecer”. La "mente de
Cristo". En la introducción a su carta a la iglesia de Filipos, Pablo
proporcionó más detalles sobre lo que serían el mismo “sentir” y “parecer" -
Solamente compórtense de una manera digna del evangelio de Cristo, de modo que ya sea que vaya a verlos, o que
permanezca ausente, pueda oír que ustedes están firmes en un mismo espíritu, luchando unánimes por la fe del evangelio.
Pablo avanza su argumento de mejora del comportamiento en la carta a los
Filipenses en el segundo capítulo -
Nada hagáis por egoísmo o vanidad, sino con
humildad de espíritu, consideraos unos a otros como más importantes que a
vosotros mismos.
Alcanzamos la unidad cuando nos humillamos ante Dios. En la iglesia
“cristiana” de los Estados Unidos, esta “unidad” se vuelve cada día
más difícil. Los “miembros” del cuerpo de Cristo a menudo están más enfocados
en su “propio” beneficio y no en el humilde ejemplo que Jesucristo brindó en Su
nacimiento y muerte. El dinero y el “poder” que sentimos cuando tenemos (o anhelamos) un poco
de dinero crean tensión en el Cuerpo de Cristo. Las cosas materiales distraen y
confunden a los creyentes. La disensión comienza y aumenta lentamente.
Es prudente que
reconsideremos el estímulo de Pablo. Deberíamos tener el mismo “sentir”. La
unidad ocurre cuando Jesucristo y Su voluntad son nuestra primera prioridad. La
humildad es el resultado directo de poner a Él y a Su reino en primer lugar.
Las justificaciones y excusas surgen cuando buscamos vivir la vida en nuestros
propios términos egoístas. Esto no termina bien para las personas que viven
esto ni para el Cuerpo de Cristo que debe soportar la confusión causada por el
egocentrismo. Es BUENO cuando aceptamos que Jesucristo y Su reino tienen
prioridad sobre nuestras decisiones. Cuando estamos de acuerdo de que la
humildad de nuestro Salvador merece nuestro respeto. Debemos imitar Su
comportamiento y seguirLo mientras amamos y servimos a los demás. Consideremos
cuidadosamente las palabras de Pablo (guiado por el Espíritu Santo) a la
iglesia de Corinto. Esforcémonos por ser del mismo “sentir” y del mismo
“parecer”. Para nuestro bienestar y Su
gloria.
Favor de escribir tus comentarios aquí. Gracias.
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