1 Corintios
9:25
Todo aquel que compite (lucha),
en todo ejercita el dominio propio;
ellos,
en verdad, para recibir una corona corruptible,
pero nosotros, una
incorruptible.
“Todo el que
compite.” Competir - ἀγωνίζομαι
- (agōnizomai), vb. luchar; pelear; esforzarse. Esta palabra es importante para
nuestra comprensión de este versículo. En Grecia, celebraban las “Olimpiadas”.
Los griegos estaban “orgullosos” de sus atletas. Se hicieron famosos. Los
romanos admiraban la cultura griega. Imitaron muchos aspectos de lo que los
griegos desarrollaron. El idioma griego era común en toda el área mediterránea
en la vida de Jesucristo. (Razón por la cual el Nuevo Testamento fue escrito en
griego koiné). Los atletas griegos entrenaban la mayor parte del tiempo para el
evento en el que competirían. Y su entrenamiento era muy extenuante. Si
“observamos” el verbo griego para “competir”, vemos que es de donde proviene la
palabra – agonía. Un atleta griego estaba acostumbrado al dolor y la
incomodidad. Los atletas que ganaban recibían una “corona” hecha de ramas de
olivo. Un símbolo de honor y alabanza.
Durante siglos
después de la crucifixión de Jesucristo, los cristianos creyeron que era un
honor morir por su fe en Él. Fueron crucificados, quemados en la hoguera,
decapitados y torturados de diversas maneras. Y los cristianos afrontaron estas
pruebas con fe en la vida eterna ofrecida por su Señor y Salvador. La agonía no
los disuadió de la firme convicción de la vida eterna. Vivieron lo que creían.
El cristianismo
actual ha recorrido un largo camino desde aquellos tiempos. La vida se ha
vuelto cada día más cómoda. Y los cristianos son más “suaves”. Si un pastor
predica sobre la agonía tres domingos seguidos, la congregación se disminuirá.
Los cristianos de hoy quieren creer que el cristianismo es un camino fácil. Quieren
recibir la vida eterna además de comprar todas las comodidades posibles.
En su carta a los
corintios (Corinto una ciudad no lejos de Atenas – donde comenzaron los Juegos
Olímpicos), Pablo informa a los creyentes que la vida cristiana es una vida de
autodisciplina (autocontrol). Es una vida donde el entrenamiento es de agonía.
Si vamos a competir, debemos hacerlo con seriedad. Los cristianos de la iglesia
rara vez, o nunca, faltan al trabajo. Sufren agonía por dinero. No están tan
comprometidos con el Cuerpo de Cristo. Dejan de asistir a las reuniones en SU
nombre por cualquier pequeño problema que surja. Aquí podemos ver la confusión
de prioridades de los cristianos en el mundo actual. Perciben el cristianismo
como algo que añadir a sus vidas. El cristianismo no es una bendición añadida.
Jesucristo no murió por nuestros pecados para que demostráramos nuestro respeto
por ÉL a nuestro antojo. ÉL murió para darnos vida eterna para que vivamos para
ÉL. Las actividades de la iglesia deben ser una prioridad para los cristianos.
En primer lugar. Domingos, miércoles (cuando hay servicios – depende en la
iglesia) y cualquier otra fecha en que la iglesia se reúna. Es un HONOR ser
miembro de una comunidad cristiana. El dinero y todo lo que compramos son
perecederos. La salvación que recibimos es imperecedera. Los beneficios que
recibimos por hacer de Jesucristo la primera prioridad en nuestras vidas
también serán imperecederos.
Sería BUENO que
consideraras cómo percibes el cristianismo. Sería BUENO que consideraras
dedicar tu vida a Jesucristo y no al dinero ni a las cosas materiales. El deseo
de obtener cosas perecederas ha existido desde hace mucho tiempo. Ha confundido
y herido a mucha gente. Es BUENO que nos afanemos (compitamos) por las cosas
imperecederas. Necesitamos crecer en autocontrol hoy.
Todo aquel que compite (lucha),
en todo ejercita el dominio propio;
ellos,
en verdad, para recibir una corona corruptible,
pero nosotros, una
incorruptible.
Favor de escribir tus comentarios aquí. Gracias.
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