1 Pedro 1:23-25
Pues han nacido de nuevo,
no
de una simiente corruptible,
sino de una que es incorruptible,
es
decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece. Porque, “Toda carne es como la hierba,
Y toda su gloria como la flor de la hierba.
La hierba se seca, la
flor se cae,
Pero la palabra del Señor permanece para siempre”.
Esa es la
palabra que a ustedes les fue predicada.
Queremos la
VIDA ETERNA. Pero – en nuestros cuerpos de polvo – NO queremos comprender las
consecuencias. Y luchamos con la VERDAD. Abrazamos la salvación. Rechazamos
vivir para Jesucristo. Y así, avanzamos a trompicones (tropezamos adelante). En
2 Corintios 5, Pablo presenta un argumento similar y contundente que respalda
la importancia de vivir para Jesucristo. No para nosotros mismos. No por las cosas que podemos comprar y las
comodidades que desea nuestra carne. Somos LENTOS para darnos cuenta y
comprender las tácticas de Satanás y del mundo para esclavizarnos a los deseos
egoístas y orgullosos de nuestra carne. Satanás no puede impedir que seamos
colocados en cuerpos sobrenaturales – un “día” en el futuro. Él puede (y lo
hace) dañar nuestro testimonio de la importancia de Jesucristo ofreciéndonos
comodidad y egoísmo en esta “vida” caída.
Pedro – el
pescador “sin estudios” – deja clara su postura teológica. Nosotros (los que
somos salvos – los que hemos nacido de nuevo) somos colocados en cuerpos
eternos y sobrenaturales. No podemos “verlo” – todavía. Pero – para el DIOS omnisciente de la
eternidad, nuestro “renacimiento” está HECHO. (Tiempo pasado. Romanos 8:29-30)
Nuestra “carne” se marchitará. Somos hechos de polvo. Nuestro yo eterno vivirá
para siempre en SU presencia.
DIOS nos ha
hecho “renacer” en cuerpos eternos e incorruptibles. Y estamos muy felices por
ello. Pero nosotros (nuestra carne) no queremos vivir para la eternidad.
Literalmente preferimos el dolor y la incomodidad de esta vida “caída”. Porque
este es el enfoque de la mayor parte de nuestras vidas. Quizás en realidad no
estemos “salvados”. Quizás nuestra
insistencia en vivir esta “vida caída” para nosotros mismos se debe a que,
literalmente, NO creemos que tengamos una eternidad en el cielo
esperándonos.
Si
realmente CREEMOS que hemos “nacido de nuevo” – no hay NADA en esta vida caída
por lo que valga la pena vivir EXCEPTO la esperanza que tenemos en
Jesucristo. Todo es polvo. Se marchitará y caerá. TODO. Al igual
que la hierba y las flores. Y cuando ENTENDEMOS y CREEMOS esta VERDAD – esta
VERDAD eterna – dejamos de vivir por cosas “temporales”. Vivimos para JESUCRISTO. Queremos honrarLO
por la vida eterna que nos ha dado. Y hablamos de Él – todo el día – todos los
días – dondequiera que vamos – porque no hay NADA más en esta vida caída que se
acerque a Su importancia. ÉL ES la Palabra del Señor que vive para siempre. Y
este es el mensaje que predicamos – en todas partes – todo el tiempo. Porque nada más tiene sentido. Nada más en
esta “vida” caída tiene significado – excepto la VERDAD eterna de nuestro
SEÑOR. Y por eso – “predicamos” sobre ÉL.
Pues han nacido de nuevo,
no de una simiente corruptible,
sino de una que es incorruptible,
es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece.
Porque, “Toda carne es como la hierba,
Y toda su gloria como la flor de la hierba.
La hierba se seca, la flor se cae,
Pero la palabra del Señor permanece para siempre”.
Esa es la palabra que a ustedes les fue predicada.
Favor de escribir tus comentarios aquí. Gracias.
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