1 Pedro 3:8
En conclusión, sean todos de un mismo sentir,
compasivos, fraternales,
misericordiosos,
y de espíritu humilde;
Vivimos tiempos
difíciles. El mundo – bajo la orgullosa dirección de Donald Trump – se está
volviendo más duro, más cruel y más despiadado. Miren a su alrededor. La gente
sonríe con menos frecuencia que hace 10 años. La vida es más peligrosa. Menos
amable. Y estas circunstancias nos afectan a todos. A ti y a mí. Necesitamos
ser conscientes de lo que sucede a nuestro alrededor. Necesitamos ser más
intencionales en nuestra bondad. Especialmente con los miembros de nuestra
familia inmediata (el tema central de este pasaje – véase el capítulo 3) y
también con los miembros de nuestra iglesia.
Necesitamos
reflexionar sobre nuestra situación en esta vida caída y caótica. Necesitamos
centrarnos más en nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Y permitir que la paz
que solo Él nos brinda gobierne nuestras vidas. Permitamos que el amor que Él
siente por nosotros se derrame en las vidas de quienes amamos.
Y debemos
esforzarnos – en casa y en la iglesia – para SER armoniosos. Necesitamos
entender dónde “están” los miembros de nuestra familia en su desarrollo físico
y emocional distintivo. Los niños y adolescentes en este “mundo” están en un
peligro increíble. Y la mayoría de los padres que conozco no entienden
claramente el peligro. Lo mejor que podamos, necesitamos ayudar a los padres a
proteger a sus hijos. Espiritualmente. Porque los peligros que nuestro Señor
permite en el mundo de hoy son parte de SU juicio sobre la humanidad caída. Tenemos
que ser compasivos con los padres, niños y adolescentes en medio de nosotros.
También tenemos que ser compasivos con las personas solteras, los adultos
jóvenes, las personas con las que compartimos la vida. Porque la vida de hoy es
cruel. La gente grita y maldice por cualquier razón pequeña. La vida es
abusiva. Y todos sufrimos por la falta de respeto.
Debemos ser
fraternales. Según la Biblia – tenemos dos familias: nuestra familia inmediata
(esposo, esposa, hijos) y nuestra familia de la iglesia. Debemos tratar a ambas
familias con amor y respeto. Necesitamos ser aún más fraternales. HOY. Las
personas se sienten más fácilmente solas, olvidadas y rechazadas cuando la vida
es cruel. Debemos recordar amar a nuestras familias – tanto a la física como a
la espiritual. Debemos pedirLE ayuda a nuestro Señor para tener corazones
bondadosos. Es difícil ser bondadoso cuando la vida es dura. Tenemos que
aprender a “chiflar en medio de la tormenta”.
El último
aspecto de nuestra actitud hacia una vida dura y cruel es – quizás – el más
importante. Debemos ser humildes en espíritu. La humildad es un ideal que se
desvanece. Cuando la vida es cruel – respondemos con “yo”. Nos “defendemos” a
nosotros mismos. Como resultado, no somos humildes. Y esto es visible en la
iglesia de hoy. Nuestras reacciones “orgullosas” no son sorprendentes. Vivimos
en circunstancias duras. Nuestro Señor nos pide que seamos humildes en medio
del dolor. ÉL no abrió SU boca mientras LO golpeaban y LO azotaban (Isaías
53:7). Nuestro Señor CONOCE la humildad
en circunstancias difíciles. Y nos pide que HAGAMOS y SEAMOS como ÉL. Humilde.
Finalmente, sé fuerte en el Señor y en la fuerza de Su poder (Efesios 6:10).
Nuestro Señor “abrirá un camino” a través de este mar de peligro y dolor – SI
dependemos de ÉL y LO honramos con vidas que nos “unifican” con otros en
CRISTO. Hoy.
En conclusión, sean todos de un mismo sentir,
compasivos, fraternales, misericordiosos,
y de espíritu humilde;
Favor de escribir tus comentarios aquí. Gracias.
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