2 Pedro
3:14
Por tanto,
amados,
puesto que ustedes aguardan estas cosas,
procuren con
diligencia
ser hallados por Él
en paz, sin mancha e irreprensibles.
Pero
el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos
pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso,
y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas. Puesto que
todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¡qué clase de personas
no deben ser ustedes en santa conducta y en piedad, esperando y apresurando la
venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los
elementos se fundirán con intenso calor! Pero, según Su promesa,
nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la
justicia. 2 Pedro 3:10-13
El
pasaje anterior explica el “por tanto” que comienza el versículo 14. Todo lo que vemos se derretirá con un fuego intenso.
No poseemos nada. Nunca poseeremos nada. Este profundo deseo (hambre) que
tenemos de “adquirir” es nuestra naturaleza pecaminosa (carne) en acción. Esta
creación — toda ella — pertenece a nuestro Creador. Siempre será así.
Cuando finalmente seamos puestos en cuerpos glorificados (santificados) – no
estaremos interesados en “poseer” o “controlar” nada. Las calles de oro puro en el cielo siempre
pertenecerán a nuestro Creador. Somos SUS criaturas. Fuimos creados “en”
CRISTO JESÚS para buenas obras (Efesios 2:10). Fuimos creados para SU gloria
(Isaías 43:7). Y Pedro — al final de su segunda carta — quiso
recordarles a los creyentes esta verdad.
Puesto
que, por la gracia de JESUCRISTO, ENTENDEMOS
que esta creación se derretirá completamente, somos diligentes
para ser encontrados por ÉL en paz. ¡Porque SABEMOS (y CONOCEMOS) la
VERDAD! Nuestro SEÑOR, en SU gracia para con nosotros, nos permitió CONOCER A ÉL
MISMO – la VERDAD (Juan 14:6). Tenemos “paz” con JESUCRISTO (Lucas 2:14) porque
ÉL propició la ira eterna de DIOS hacia nuestros pecados (1 Juan 2:2; 4:10; Hebreos
2:17). Y debido a que ENTENDEMOS esta verdad eterna – somos diligentes en
honrar a nuestro SALVADOR eterno. Vivimos para ÉL – no para “las cosas”
de este mundo (que van a derretir).
Continuamente
NOS ESFORZAMOS para “ocupar nuestra salvación con temor y temblor”
(Filipenses 2:12). El resultado de nuestro diligente “ocupación” es que seremos
“encontrados por nuestro SEÑOR en paz, sin mancha e
irreprensibles”. No seremos perfectos – pero tendremos un estatus
perfecto ante el SEÑOR porque continuamente, quebrantadamente buscamos SU
perdón y guía mientras nos esforzamos hacia la meta. Vivimos, en una diaria –
momento a momento base, las instrucciones de Pablo que se encuentran en esta
misma carta – Filipenses 3:12-14: “No es que ya lo haya
alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a
fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por CRISTO
JESÚS. Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado. Pero
una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y
extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la
meta para obtener el premio del supremo llamamiento de DIOS en
CRISTO JESÚS.”
Entonces –
hoy – mis queridos hermanos y hermanas – ENTIENDAN y CREAN – todo lo que ven se derretirá en un fuego intenso.
No hay NADA en este mundo que necesitemos o debamos desear.
Nada. Debemos buscar honrar a JESUCRISTO
– QUIEN nos dio la vida eterna. Y debemos ser diligentes al vivir
hoy – momento a momento – para SU gloria. De esta manera – cuando ocurra el
rapto – seremos “hallados por ÉL en paz, sin mancha e irreprensibles”.
Vivan hoy para servir a JESUCRISTO y a quienes los rodean. Ámenlo a ÉL y a ellos – con su vida. Con esta actitud – daremos la bienvenida a SU llegada.
Por tanto,
amados,
puesto que ustedes aguardan estas cosas,
procuren con diligencia
ser hallados por Él
en paz, sin mancha e irreprensibles.
Favor de escribir tus comentarios aquí. Gracias.
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