Habacuc
3:18-19
Con todo yo
me alegraré en el Señor,
Me regocijaré en el Dios de
mi salvación.
El Señor Dios es
mi fortaleza;
Él ha hecho mis pies como los de las ciervas,
Y
por las alturas me hace caminar.
Para el director del coro, con mis
instrumentos de cuerda.
El planeta
Tierra puede parecer maravilloso desde un satélite, pero para quienes viven en
este polvoriento globo, las cosas suelen verse bastante sombrías. La creciente
turbulencia, el aumento del terrorismo, las tragedias acumuladas, los traumas
sin precedentes, las pruebas cada vez más profundas y las tensiones
inigualables proyectan sombras oscuras sobre los terrícolas. El mundo se parece
cada vez más a una ominosa esfera negra con una mecha muy corta, una bomba de
tiempo que chisporrotea a punto de explotar.
No es de
extrañar que la gente pensante empiece a hacer preguntas. ¿Por qué hay tanta
opresión? ¿Por qué tanta injusticia? ¿Por qué prosperan los hombres malvados?
¿Por qué sufren los justos? ¿Por qué Dios no hace algo? ¿Por qué Dios no limpia
este desastre? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
Estas
preguntas tan profundas no son nada nuevas. Siglos antes de que Cristo viniera
a este planeta, un antiguo profeta observó la violencia y la maldad del mundo y
clamó a Dios: “¿Por qué me haces ver la injusticia? ¿Por qué toleras el mal?…
¿Por qué callas mientras los malvados se tragan a quienes son más justos que
ellos?” (Hab. 1:3, 13) El profeta no solo planteó los misteriosos “por qués”
que atormentan a la humanidad; también recibió respuestas a sus preguntas. Las
respuestas dadas por el Creador del universo están cuidadosamente registradas
en el librito llamado Habacuc.
Habacuc es un libro único. A diferencia de otros
profetas que declararon el mensaje de Dios a la gente, este profeta dialogó
con Dios acerca de la gente. La mayoría de los profetas del Antiguo
Testamento proclamaron el juicio divino. Habacuc suplicó el juicio divino.
En contraste con la acusación típica, este
pequeño libro registra un intercambio intrigante (muy interesante) entre un
profeta perplejo y su Hacedor.
Sin
embargo, no se trata simplemente de una pequeña entrevista callejera con Dios.
Habacuc fue más allá. El diálogo se desarrolló en el capítulo 1. Las quejas del
profeta fueron respondidas con la orden del Señor: “Escribe la revelación”, en
el capítulo 2. La declaración de Dios incluía un extenso canto fúnebre, o canto
de burla, con cinco “ayes” dirigidos a los malvados babilonios. El capítulo 3
culmina con una magnífica doxología de alabanza. El omnipresente “¿Por qué?”
encuentra su mejor respuesta en el eterno “¡Quién!”. Aunque la perspectiva terrenal
pueda provocar terror, la mirada hacia arriba inspira confianza. Las quejas y
los temores del profeta se resolvieron en confianza y fe. Este es el núcleo del
mensaje de Habacuc: “El justo vivirá por su fe” (2:4). [1]
Con este fondo
en mente, veamos específicamente los últimos versículos del “libro” de Habacuc
3:18-19. En el tiempo de angustia de Israel — así como en el nuestro — nuestra firme esperanza está en nuestro Señor y Salvador.
Necesitamos mirar “hacia” Él.
Necesitamos confiar “en” Él. Él ha
vencido todos los obstáculos que nos esperan. Aunque podamos “caer” o
“luchar” en esta vida, nuestro “fin” es seguro. Lo absoluto “peor”
que alguien en esta vida puede hacernos es poner fin a nuestra existencia aquí
en esta vida. Es aquí donde las palabras de Pablo se vuelven más claras y más
importantes para cada uno de nosotros: “Porque
para mí – el vivir es Cristo – y el morir es ganancia.” (Filipenses
1:21). A medida que nos volvemos más semejantes a nuestro Señor y confiamos
nuestra existencia “en” Él,
estas palabras se vuelven más seguras, más reales, más sinceras. Y EN Jesucristo – mantenemos nuestro enfoque
y nuestra esperanza – tal como nuestro Señor instruyó a Habacuc – hace
alrededor de 2,600 años.
Cuando
leemos el símil – “el Señor ha hecho mis pies como pies de cierva” (v. 19) –
debemos entender que los guerreros en la época de Israel eran veloces, fuertes
y se movían con agilidad. El Señor hace de Su pueblo conquistadores confiados.
Él provee la capacidad de “caminar” a través del peligro con seguridad y
claridad – si ponemos nuestra mirada en Él. Y con confianza –
podemos caminar en las alturas (v. 19). Esto podría ser una metáfora
de la importancia de mantener nuestro enfoque en las cosas “de arriba” – en
los lugares espirituales. O bien – podría significar que los
creyentes pueden caminar en medio del peligro con una confianza firme en el Señor.
El
último versículo del “libro” de Habacuc afirma que él tocaba “con mis
instrumentos de cuerda, indicando que él mismo lo acompañaría con su propia
ejecución musical, de lo cual se ha inferido con razón que estaba capacitado,
conforme a las disposiciones del culto israelita, para participar en la
interpretación pública de aquellas piezas musicales apropiadas para la
adoración pública y, por lo tanto, pertenecía a los levitas
encargados de dirigir la música en el templo.” [2]
Habacuc era levita y participaba en el
culto público. Es
BUENO que adoremos al Señor. Y quienes "tocan" instrumentos para el Señor – son
bendecidos por tener la oportunidad de guiar a otros en la adoración colectiva
de Jesucristo. Seguid tocando y alabando (todos
nosotros) a Jesucristo – mis queridos hermanos y hermanas – con vuestro
corazón abierto a Él – para Su gloria.
[1]
Blue, J. R. (1985). Habakkuk. In J. F. Walvoord & R. B. Zuck
(Eds.), The Bible Knowledge Commentary:
An Exposition of the Scriptures (Vol. 1, p. 1505). Victor Books.
[2] Keil, C. F., & Delitzsch, F. (1996). Commentary on the Old Testament (Vol. 10, p. 429). Hendrickson.
Con todo yo
me alegraré en el Señor,
Me regocijaré en el Dios de mi salvación.
El Señor Dios es mi fortaleza;
Él ha hecho mis pies como los de las ciervas,
Y por las alturas me hace caminar.
Para el director del coro, con mis instrumentos de cuerda.
Favor de escribir tus comentarios aquí. Gracias.
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