Friday, February 27, 2026

Amemos Con Nuestras Vidas

1 Juan 3:18 
Hijos, no amemos de palabra ni de lengua, 
sino de hecho 
y en verdad.

Hoy en día es muy común tener un “servicio” o reunión en la iglesia, pasar un tiempo juntos leyendo las Escrituras u orando juntos, y luego ir a casa hasta que se programe el siguiente evento espiritual.  Para muchos, el cristianismo es presentarse en el momento y lugar adecuados, participar en la actividad asignada y volver a casa hasta la semana siguiente. ESTO NO ES CRISTIANISMO BÍBLICO. JESUCRISTO, el REY de reyes y SEÑOR de todos los señores, no se humilló a sí mismo, vino a este mundo para ser crucificado, para salvarnos para que pudiéramos realizar “actividades religiosas”. ¡Nuestras reuniones semanales NO LO honran si esto es todo lo que planeamos HACER!

En varios pasajes del Nuevo Testamento se nos instruye a HACER más como resultado de haber recibido gratuitamente el perdón eterno. No somos nuestros (1 Corintios 6:19-20). En el versículo de hoy, Juan, el apóstol amado, nos instruye a NO amar con palabras ni con la lengua. El amor bíblico no es un “sentimiento”. El amor bíblico es un compromiso de HACER actos de servicio por los demás. La Biblia afirma que JESUCRISTO nos amó y se ENTREGÓ a SÍ MISMO por nosotros en la cruz debido a SU amor (Efesios 5:2). El amor bíblico no “habla” de lo que siente. El amor bíblico (piadoso) HACE cosas.

Cuando “amamos” según la Biblia – “actuamos”.  HACEMOS cosas para proporcionar consuelo, alivio, asistencia, ayuda, compasión o preocupación por los demás.  HACEMOS cosas.  NO hablamos de lo que vamos a HACER.  HACEMOS cosas. Para los demás miembros del Cuerpo de Cristo donde nos reunimos. Si “vas a la iglesia” durante más de un par de semanas sin “hacer” nada por las personas de tu iglesia, sería prudente que te preguntaras si CONOCES al SEÑOR. Porque nuestro SEÑOR no es un DIOS que habla primero y “actúa” después.  Nuestro SEÑOR es un DIOS / hombre de acción. ÉL vino. ÉL murió para salvarnos. Y ÉL nos pide que seamos como ÉL. ÉL nos pide que practiquemos el cristianismo de una manera que LO honre. Un “cristianismo” que LO honra da como resultado un grupo de personas que “HACEN” cosas por los que están en su “iglesia”.  Gastan sus vidas en proveer amor y ayuda para los demás.  Piensan – primeramente – en el prójimo y NO en uno mismo.  Por el amor de DIOS en ellos.  Reflejan el Espíritu Santo que mora en ellos.  

No solo se espera que HAGAMOS cosas (que prestemos servicio o ayuda) por los demás, sino que se espera que las HAGAMOS en “verdad”. Nuestras motivaciones deben ser bíblicas. NO HACEMOS nada con la expectativa de recibir algo a cambio. NO HACEMOS favores. Nuestras acciones deben basarse en la verdad de DIOS. Cuando “vivimos” así – nuestras motivaciones son simplemente la obediencia a SUS deseos - la brota del amor en nuestros corazones causado por el Espíritu Santo.  Hacemos lo que hacemos para honrar a JESUCRISTO. Y a nadie más. Cuando nuestras motivaciones se basan en la verdad – NO nos duele que otros critiquen o rechacen lo que HACEMOS. No HICIMOS nada para obtener su aprobación. HICIMOS lo que HICIMOS para servir a SU cuerpo. Y el servicio – desde un corazón puro – no puede ser detenido ni  silenciado.  

Entonces, mis queridos hermanos y hermanas, ¿están HACIENDO cosas en su Cuerpo de CRISTO? ¿Saben sus hermanos y hermanas que eres un HACEDOR y no OYENTE (Santiago 1:22)? No se tarda mucho en RECONOCER a los HACEDORES. ¡Vengan a visitar mi iglesia o déjenme visitar la suya durante un mes y tendremos una BUENA idea de QUIENES son los HACEDORES!  ¿Eres uno de ellos? Según la palabra de DIOS – ¡TODOS deberíamos serlo! Amad a los hermanos y hermanas, mis queridos hermanos y hermanas. Amadlos con TODO lo que tienes. Dadles. HACED cosas por ellos. Y nuestro SEÑOR te honrará por honrarlo a ÉL. En SU “tiempo” y a SU manera.  Quizá no aquí.  Quizá cuando estás con ÉL.  Y, si sale así – mejor todavía para ti – porque la recompensa sería eterna.  Entonces, aprendemos esperar (de los dos sentidos – aguantar y tener ganas de un futuro bendecido).  En ÉL.     
Hijos, no amemos de palabra ni de lengua, 
sino de hecho 
y en verdad.

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