Filipenses
3:10
y conocerlo a Él,
el
poder de Su resurrección
y la participación en Sus padecimientos,
llegando a
ser como Él en Su muerte,
En
su carta a los Filipenses, Pablo compartió su deseo de dejar atrás todos y cada
uno de sus logros anteriores porque entendía el valor de la eternidad con
JESUCRISTO. El capítulo 3 (Pablo no
escribió sus cartas con capítulos) es un repaso reflexivo de Pablo sobre la
importancia de JESUCRISTO. No hay nada
que tengamos ni tendremos jamás en esta vida caída que se pueda comparar con
una relación eterna con ÉL.
Pablo anhelaba
“conocer” a JESUCRISTO. ¿Y cuál es el resultado de conocer
a nuestro SEÑOR? Comenzamos a tener una idea de la profundidad de Su amor. Y a
medida que crecemos en nuestro entendimiento de Su amor – las cosas de esta
vida se vuelven más insignificantes… Literalmente… JESUCRISTO vino a este mundo
caído para rescatarnos (salvarnos) de una eternidad angustiante. Vino porque
ÉL, Su Padre y el Espíritu Santo nos aman. Nos aman con un amor eterno. Un amor que no entendemos – todavía. DIOS ES amor.
A medida
que crecemos en el entendimiento del amor de DIOS – nuestras metas
cambian. Tal como le ocurrió a
Pablo. Ya no buscamos la aprobación de
los demás. Aprendemos que la meta de
esta vida es exactamente lo que Pablo expresó en este versículo – “conocerLO
a ÉL”. A medida que LO
conocemos – SU amor por cada uno de nosotros se vuelve más claro. Y la certeza de “quiénes” somos en ÉL se
vuelve palpable (real). ÉL ES DIOS. ÉL creó todas las cosas. Lo que ÉL ha declarado — ÉL lo hará. Y SU amor provoca un cambio en nuestra
perspectiva — “Porque el amor de CRISTO nos constriñe, pensando esto: que si
uno murió por todos, luego todos murieron;” (2Cor. 5:14) Aprendemos que el amor de JESUCRISTO “nos
constriñe”. SU amor en nosotros quiere
expresarse en actos de amor hacia los demás.
A medida que crecemos en nuestro amor por los demás – nuestros propios
deseos ya no importan. No perseguimos
cosas hechas de polvo. Simplemente
anhelamos conocerLO a ÉL.
Mientras
que conocemos mejor a JESUCRISTO (reflexionamos en ÉL para muchas horas) –
entendemos que ÉL ES un ser real con un cuerpo real. JESUCRISTO tiene un cuerpo
que puede ser tocado físicamente. ÉL ES una “persona” (DIOS) real. Y ÉL tiene
un cuerpo que ÉL “se puso” cuando nació, fue crucificado, y luego ÉL resucitó.
ÉL todavía lleva las cicatrices en SU asombroso cuerpo resucitado. Y un “día”,
tú y yo conoceremos (experiencialmente – lo “sentiremos”) el poder que DIOS usó
para resucitarLO. Él usará este mismo poder autoritativo y abrumador para
darnos cuerpos sobrenaturales. Nuestros cuerpos “perecederos” se vestirán de
“inmortalidad” (1 Cor. 15:42-43). DIOS usó un increíble poder para vencer la
muerte y resucitar a SU HIJO. Y Pablo en su carta a los filipenses, anhelaba
conocer este cuerpo resucitado que iba a recibir (y
que nosotros también recibiremos). Pablo aprendió a enfocarse
en las cosas eternas.
Luego los
pensamientos de Pablo dan un giro sorprendente en Filipenses 3:10. Pablo pasa
de conocer a JESUCRISTO personalmente y “ponerse un cuerpo inmortal” al sufrimiento.
Esto es extraño. Hay aquí una mezcla de vida y muerte. Se nos da vida eterna
con ÉL. Nuestro lugar en el cielo está asegurado por el ESPÍRITU SANTO en
nosotros. “Recibimos” la vida eterna y cuerpos resucitados porque nuestro SEÑOR
murió por nosotros. ÉL murió para pagar el precio eterno que debemos. Y al
conocerLO a ÉL y SU deseo de velar por nuestro bienestar eterno, aprendemos que
ÉL quiere que cuidemos del bienestar de
los demás. (Que amamos con amor “agape” porque ÉL nos amó con este mismo amor.) A medida que aprendemos a “morir a nosotros
mismos” – sufrimos. Nuestra carne no quiere estar incómoda. NO quiere "morir". Queremos poseer
cosas nuevas y bonitas. Y no es un pecado poseerlas. Pero nuestro dinero se
gasta mucho más sabia y eficazmente si lo usamos para ayudar a otros a conocer
a JESUCRISTO. Y llegamos a comprender un poquito de SU dolor, SUS sufrimientos. Porque nos negamos. No buscamos lo que disfrutaremos. Damos preferencia a los demás – todo del
tiempo. Morimos juntamente con ÉL. Para SU honor. Para mostrar un poco del amor hacia ÉL que ÉL
mostró en la cruz hacia nosotros.
Comenzamos “ser” más como ÉL.
Menos como nosotros.
A medida
que crecemos en nuestra comprensión de Sus sufrimientos y muerte – nuestras
circunstancias se vuelven menos importantes.
Físicamente, emocionalmente, espiritualmente – aprendemos. Aprendemos a confiar
en ÉL. ÉL sufrió mucho más de lo que jamás nos pedirá soportar. Y aprendemos a
sufrir con una sonrisa. Porque entendemos que en nuestra capacidad de soportar
incomodidad o dolor en beneficio de otros – glorificamos a nuestro SEÑOR.
Nuestras respuestas a las circunstancias difíciles cambian. Ya no insistimos en
la comodidad. Anhelamos conocer a JESUCRISTO – y el poder de SU resurrección,
así que nos unimos a ÉL en Sus sufrimientos y muerte. Hoy.
Todo del día.
y conocerlo a Él,
el poder de Su resurrección
y la participación en Sus padecimientos,
llegando a ser como Él en Su muerte,
Favor de escribir tus comentarios aquí. Gracias.
ReplyDelete