Deuteronomio 5:24
y dijeron: “El Señor nuestro Dios
nos ha
mostrado
Su gloria y Su grandeza,
y hemos oído Su voz de en medio del fuego;
hoy hemos visto que Dios habla con el hombre,
y este aún vive."
Moisés, el bendito
profeta que vivió hace unos 3,500 años, habló con Dios en el monte Sinaí. Dios
le dio a Moisés los Diez Mandamientos allí. Haríamos bien en meditar en un Dios
tan poderoso — hay suficiente energía en un solo átomo para destruir miles de
acres de tierra — que, sin embargo, se humillaría a Sí Mismo para hablar con
uno de Sus seres creados. Este es nuestro Dios. También haríamos bien en
recordar que los judíos siguen siendo Su pueblo elegido. Nosotros — la iglesia
(también Sus hijos elegidos y adoptados) — hemos sido injertados en el olivo
(Romanos 11:17-25). El olivo de Dios pertenece a Su pueblo elegido, Israel.
Dios no ha “terminado” con Su pueblo – los judíos. Su único Hijo reinará en
Jerusalén con el príncipe David a Su lado (Jeremías 30:9; Ezequiel 34:23-24;
37:24-25; Oseas 3:5). Estas promesas se
cumplirán. SON inevitables. Nuestro Dios así lo declaró.
Nuestro Dios mostró
Su poder y gloria en el monte Sinaí cuando le dio los Diez Mandamientos a
Moisés (Éxodo 19 y 20). El pueblo tuvo miedo. La santidad de Dios
no es un lugar cómodo para los pecadores. Él es santo, santo, santo (Apocalipsis
4:8). Y Su santidad redarguye la pecaminosidad
en su (nuestra) carne.
Debemos sentirnos
abrumados por todo lo que nuestro Dios ha hecho para mostrarnos QUE ÉL ES DIOS. No
hay otro como Él (Salmo 86:8; Isaías 46:9). Podemos leer el Antiguo Testamento
y comprender todos los milagros que realizó con y para Israel. ÉL ES un DIOS de gloria y grandeza. Él habla
con el hombre — especialmente hoy — a través de la presencia del Espíritu Santo
en nuestras vidas. Y aunque el Espíritu Santo es precisamente eso – SANTO –
Él soporta nuestros caminos pecaminosos pacientemente. Alentando y guiando
constantemente. Hasta que un “día” — hablaremos
con nuestro Señor cara a cara (1
Corintios 13:12).
La distancia que Dios
exigió a los judíos que mantuvieran de Él en el monte Sinaí ya no es necesaria. Vivimos en una “dispensación”
diferente — una forma distinta del gobierno de Dios
sobre Su creación. Nosotros — por Su soberano y clemente “PLAN” —
vivimos durante la dispensación de la “iglesia”. Somos el pueblo “llamado fuera”
de Dios (significado de la palabra “iglesia” - llamados fuera - ekklesia - ἐκκλησία). Hoy podemos hablar con Dios y – como
resultado – VIVIR eternamente. En los días de Moisés – se maravillaban de que
él pudiera hablar con Dios y salir con vida de la experiencia. Dios se mostró
en los días de Moisés como imponente, santo y digno de reverencia. Él AÚN
conserva esos atributos. Por Su gracia – Él se “despojó” a Sí Mismo
(Filipenses 2:6-8) y se hizo semejante a nosotros para que pudiéramos CONOCERLO.
Nuestro Dios — el Dios del Antiguo Testamento y del Nuevo
Testamento — es un Dios al que se debe temer, respetar y amar profundamente –
TODO al mismo “tiempo”. ÉL ES UN DIOS
BUENO para aquellos de nosotros a quienes ÉL decidió “salvar” del castigo
eterno que con creces merecemos. Es “razonable
/ reflexivo” (Romanos 12:1-2) de nuestra parte devolverLe TODO lo que somos y
tenemos porque Él nos ha dado mucho, mucho más.
y dijeron: “El Señor nuestro Dios
nos ha mostrado
Su gloria y Su grandeza,
y hemos oído Su voz de en medio del fuego;
hoy hemos visto que Dios habla con el hombre,
y este aún vive."
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