Salmo 109:26
Ayúdame,
Señor, Dios mío,
Sálvame conforme a Tu misericordia;
El Salmo 109 es uno
de los pocos salmos “imprecatorios”. Un salmo imprecatorio le pide a DIOS que
dañe y destruya a los enemigos del salmista. En el Salmo 109, David le pide a
Dios que destruya a sus enemigos. Le pide a Dios que haga sufrir a sus esposas
e hijos (versículos 6-20). Haríamos bien en RECORDAR la perspectiva de David. Dios
usó a este hombre para conquistar grandes extensiones de lo que hoy llamamos –
Israel. David estaba acostumbrado a pedir la ayuda de Dios en combates
sangrientos, mano a mano. En los tiempos de David – no había armas
de fuego ni bombas. Si alguien moría en una guerra o una batalla – moría en tu
presencia. Su sangre salpicaba tu armadura. Y David condujo a sus tropas a
muchas batallas.
Después de pedirle a
Dios que destruyera a sus enemigos – David le pide a su Dios que lo ayude. Haríamos bien en HACER lo mismo. No
participamos en combates mano a mano con espadas – pero nuestros enemigos son
personales. Están “en nuestra cara”. Nuestro enemigo suele ser la persona que
vemos en el espejo. Nos distrae el “atractivo de este mundo”. Disfrutamos de
los teléfonos celulares, los videos en streaming, los juegos, los grupos de
chat, las distracciones de nuestro propósito – que es “compartir esta vida
con nuestro Señor y glorificar a ÉL”.
Ayúdame, Señor, Dios mío. Una confesión personal e íntima. Ayúdame. Ayúdame a
honrarTe con la pequeña contribución de toda mi
vida – hoy. Ayúdame a glorificarTe, Señor. Hoy. Ayúdame. Momento a momento –
ayúdame a recordarTe.
Y sálvame de mí mismo.
Sálvame conforme a tu “hesed”. Tu
bondad amorosa. Tu amor fiel. Tu fidelidad amorosa. Sálvame. Porque necesito ser salvado. Tanto eternamente
como temporalmente. SÉ que me has salvado para siempre. Ahora, por favor,
sálvame para que pueda serte útil en este momento. En este
instante. Sálvame de mi egoísmo incesante. Sálvame de mi tendencia
a descuidarTe. Sálvame del daño que Te causo. Sálvame de mí mismo.
Entiendo que me has dado vida eterna y que la eternidad en el cielo me espera.
Comprendo que pagaste un precio por mis actitudes egoístas (incluso ahora), un
precio que no logro a comprender. Entiendo que soportaste por mí mucho más de
lo que jamás podría retribuir. SÉ que hiciste todo esto porque me amas más de
lo que puedo entender. Y quiero amarTe mejor.
Sálvame de mí mismo. Para que pueda amarTe más. AmarTe mejor. Sálvame, oh Señor, Dios mío,
conforme a Tu “hesed” eterno. Tu
amor fiel por mí. Ayúdame a amarTe más profundamente. Mejor. Hoy.
Ayúdame, Señor,
Dios mío,
Sálvame conforme a Tu misericordia;
Favor de escribir tus comentarios aquí. Gracias.
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