Salmos
119:11
En mi corazón he atesorado Tu Palabra,
Para no pecar contra Ti.
He atesorado Tu Palabra en mi corazón. Esta afirmación tiene DOS
interpretaciones válidas: AMBAS pueden tomarse al MISMO TIEMPO.
1) Debemos “atesorar” SU Palabra. Esto significa que DEBEMOS leer,
estudiar, escudriñar, asimilar y someter a la santa, inspirada, infalible y
fiel Palabra de DIOS. Las “palabras” escritas en hebreo, griego y un poco de
arameo son los pensamientos de DIOS hacia nosotros – SUS escogidos.
Y deberíamos “atesorar” los pensamientos de nuestro Creador.
2) Al
mismo tiempo, debemos
atesorar a ÉL, cuyo nombre
es la “PALABRA” — JESUCRISTO (Apocalipsis
19:13). Debemos atesorar a ÉL, QUIEN murió para que pudiéramos ser salvos de la
condenación eterna que merecemos. Atesoremos a ÉL mientras ÉL “cena con nosotros en nuestros
corazones” (Apocalipsis 3:20). Nuestro SEÑOR es humilde.
ÉL disfruta ser “atesorado” en nuestros corazones.
A medida que atesoramos SU Palabra – a medida que aprendemos que
los pensamientos de DIOS son MUCHO más importantes y válidos que los nuestros – a medida que PERMITIMOS que SU Palabra “transforme”
nuestras mentes (Romanos 12:1-2) – nos volvemos MÁS como ÉL y
menos como nosotros. Pecamos menos.
Filipenses
1:6 afirma – “Estoy
convencido precisamente de esto: que el que comenzó en ustedes la buena obra,
la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.” Este es el objetivo
de DIOS. Que SEAMOS como nuestro SEÑOR. A ÉL NO le interesa “añadirse a
nosotros”. Él quiere que SEAMOS santos como ÉL ES santo (1 Pedro 1:16). No
parcialmente. No solo la parte que yo “elijo rendir”. DIOS quiere que SEAMOS
perfectos. Y, gloria a DIOS, ÉL no se detendrá hasta perfeccionar (completar)
lo que ha comenzado.
A medida
que nos volvemos más como ÉL – pecamos menos. Respetamos más profundamente el
amor y la gracia que ÉL provee y ha provisto. Ya NO queremos dañarLo ni herirLo
más. ¡Y esto es BUENO! Existimos para honrar a
nuestro SEÑOR y SALVADOR. SU gloria. Y debemos esforzarnos
constantemente por mejorar nuestra capacidad de SER perfeccionados – de SER
santificados – de “morir” para que verdaderamente podamos “vivir”. Con Cristo he sido juntamente crucificado; y ya no vivo yo, sino que
Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo
de Dios quien me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas 2:20)
En mi corazón he atesorado Tu Palabra,
Para no pecar contra Ti.
Favor de escribir tus comentarios aquí. Gracias.
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